LOS PRIMEROS PASOS DE UNA NUEVA VIDA

Son las 9 de la mañana y este lunes en la sabana de Bogotá, el frío es más fuerte que de costumbre, a esta hora fuera del salón de clases de una casa campestre, se encuentran reunidos un grupo de 10 personas que leen diferentes libros para adolescentes. Su lectura es interrumpida de vez en cuando con algún comentario del clima, la pregunta del significado del espacio en una novela o la sonrisa pícara, entre alguno de ellos, que se asemeja a la que hace un niño de Colegio cuando trae una travesura entre manos.

Ninguna de estas personas es menor de edad y, sin embargo, el ambiente se siente cargado de la ilusión de un aula de segundo grado. Este pequeño círculo de sillas es no solo la reunión de personas de diferentes regiones del país, sino también de una historia de conflicto que todos los presentes han cargado en la espalda. A esta hora de la mañana, 10 excombatientes empiezan su día asistiendo a la clase de español del grupo de avanzados en el Hogar de Paz.

Este lugar, hace parte de los cinco hogares en todo el país que reciben a desmovilizados durante los dos o tres primeros meses de vuelta a la civilidad. Desde 2012, estos hogares remplazaron a los antiguos albergues y quedaron a cargo del Grupo de Atención Humanitario al Desmovilizado, del Ministerio de Defensa. Aquí se intenta estabilizar a todos los excombatientes: prepararlos para la vida civil, abordar su historia de vida, ayudarlos a construir un proyecto de vida aterrizado a las dinámicas sociales, el tiempo real, sus responsabilidades y derechos como ciudadanos.

Como en cualquier colegio, en este grupo, hay personas inquietas y otras totalmente concentradas, a algunos, asegura la profesora de español, se les da un clásico pues antes acostumbraban a leer mucho y con la literatura clásica pueden identificarse. Esta mañana una mujer lee “María” de Jorge Isaacs, un hombre “James y el Melocotón Gigante” mientras una joven pregunta a sus compañeros, qué es el escenario en una novela. La profesora, afirma que los libros pueden cambiar vidas y que “se siente feliz de plantar una semilla en sus vidas”

La clase termina y todos tienen un refrigerio, a la mayoría de ex combatientes de este hogar tan solo les queda diez días para enfrentarse a otra etapa de su vida, todos sonríen al recordar que pronto podrán empezar su nueva vida, se les ve ansioso y expectantes, muchos lo hacen al pensar en el reencuentro familiar, otros al soñar la libertad que se aproxima y que hace muchos años no tienen.

Después de un descanso, el grupo de avanzada asiste a la clase de matemáticas, en este espacio, además de hablar de operaciones y números, también se emprende y discute el proyecto productivo con el que cada uno sueña. Dos de los presentes, ex integrantes de las Farc, hablan de su proyecto: tener una tienda de ropa para hombre, analizando cómo podrá ser diferentes a las otras tiendas, cómo construir algo para sobresalir.

Aunque muchos de aquí tienen más de 30 años, parecen ser niños que necesitan ser guiados pues desconocen cómo funciona la sociedad. Javier, se detiene por un momento a hablar de su otro sueño, ser profesor de educación física, sin embargo, no sabe lo que debe hacer para lograrlo. Cree que no podrá ser profesor, porque es tarde y no sabe cómo hacerlo, desconoce que volverse profesionales toma tiempo. Para una de las profesionales del Hogar de Paz, el reto más difícil es poder aterrizar sus sueños a los tiempos reales, porque no tienen una buena percepción del tiempo, con el acompañamiento psicosocial del hogar la idea es que logren verse de manera más coherente con metas en tiempos más reales, que comprendan que tienen que esforzarse para conseguir lo que quieren.

Es hora del almuerzo, hombres, mujeres y niños se sientan a comer. Hablan de la pequeña fiesta que tuvieron el domingo, que es el día donde puedan utilizar el internet y los computadores, cuentan sobre las clases de manualidades de los sábados y recuerdan la actividad extra curricular del viernes, cuando salieron al teatro cercano, en la protección del grupo.

En este descanso algunos miran televisión, otros van a sus cuartos y otros hablan entre familia. La familia más joven del lugar está compuesta de una pareja de ex combatientes de las Farc y su hija de no más de un año de edad. Se conocieron durante su tiempo en la milicia, hace 4 años. El hombre, quien dice ser del pacífico colombiano, guarda una sonrisa tímida que se termina ante la pregunta de su opinión del proceso por el que está pasando, cuando afirma de manera tajante -este hogar no era lo que esperaba- a sus 19 años, solo ansia volver a casa de su madre.

El enfrentarse a una nueva realidad, genera en muchos desesperanza y ansiedad, sumado a las historias pasadas y el temor de que existan infiltrados. “se detectan muchas cosas, situaciones de abuso sexual, tortura, situaciones que han generado impacto por todo lo que fueron obligados a hacer, enfrentar combates, ver morir a compañeros, cosas que en algunos generan ciertos rasgos de trastornos, depresión, ansiedad alta, rasgos de estrés.” cuenta una profesional de psicología del lugar.

Este lunes la jornada termina con una tutora de la ACR que dos veces a la semana les muestra los tips más importantes para enfrentarse a la vida civil. Este lunes, todos aprenden a llenar una hoja de vida, algunos con más de 30 años, tienen una hoja de vida vacía de experiencias laborales. Al enfrentarse a una simulación de entrevista no saben que responder, sin embargo, sus compañeros, aunque se burlan prestan atención a cada consejo de aquella tutora. “Aquí es chévere, uno cree que no pero luego descubre que es algo útil, todo lo que le enseñan sirve para algo” recuerda una ex combatiente.